Hola amables lectores. Hoy ya es viernes y pinta un buen día. Ayer fue jueves (indudable elocuencia) y fui a la cineteca a restablecer los niveles de todas las sustancias extrañas que mi cholla produce. En verdad Woody Allen y su Vicky Cristina Barcelona (acá entre nos, siempre le digo Vicky Virginia Barce...) tienen poderes curativos. Hace unos días declaré que había perdido la cordura y no hice más que escribir hilos de pensamientos repetidos de manera consecutiva. Me disculpo, benévolos lectores, por mi vaga presunción.
Ayer fui bombardeado de emociones; es así como describo a VCB*, lo describo como un cataclismo emocional e intelectual del cual no cualquiera puede salir bien librado; y es ya la segunda película del buen Allen que me ha hecho vibrar (el lector cinéfilo perdonará la falta momentánea de palabras o figuras literarias). Con la primera, por supuesto Match Point, llego al punto de colocar a Woody Allen entre esos cineastas que han marcado mis buenos días.
Como podrán notar, me contengo a escribir propiamente de la película. Sólo me intento colocar en la mente del amable lector, llegando incluso a un entendimiento, para recomendarle la visita a la cineteca este fin de semana. Vicky Cristina Barcelona, una película que puedes llevar a ver a tu chica. (¡Ja!)
-- Espacio para que el lector perspicaz suelte una hilarante risa. (Mientras otra foto)
Solo puedo decirles que es una excelente película para empezar el año.
Siempre agradezco sus comentarios (si no me creen pregúntenle al buen MAU ZC, el único que los deja. Pregúntenle: ¿Es cierto que siempre agradece los comentarios? Seguro les dirá que no, pero eso será por cuan amargado es) y se agradecen las sugerencias y hasta las amenazas de muerte...
Prometo recobrar el sentido en estos días.
*Vicky Cristina Barcelona